Privatizar el nombre de una línea de metro es una usurpación de algo tan público como el aire

La ciudad tomada

Privatizar el nombre de una línea de metro es una usurpación de algo tan público como el aire

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Estación de metro de Sol en 2012. Actualmente se llama Vodafone Sol / Samuel Sánchez

Por Washington Square iba a pasar una autopista, pero lo evitó la resistencia popular organizada por Jane Jacobs

La ciudad es un organismo muy complejo, hecho de un número casi ilimitado de iniciativas singulares, de muchas capas sucesivas, con tal número de conexiones e interdependencias que cualquier quiebro tajante o no muy pensado puede tener consecuencias catastróficas. Por eso algunas de las iniciativas urbanas más fértiles han surgido de la gente que vivía en lugares concretos, a diario, de abajo arriba, y han prevalecido, a veces de milagro, contra la insolencia de los dueños del mundo y la arrogancia intelectual, mesiánica y desastrosamente bien intencionada, de los expertos en diseñar perfecciones utópicas sobre un tablero de dibujo. Quien deambula una tarde fresca de sol por Washington Square, quien se sienta a comer un bocadillo, a mirar a la gente sin hacer nada, a observar las nubes viajeras sobre las cornisas altas de los edificios, a escuchar a un trío de músicos de jazz, no imagina que esa plaza de Nueva York, claramente uno de los lugares memorables del mundo, estuvo a punto de ser destruida, a principios de los años sesenta, en el momento cumbre del urbanismo despótico y la rendición incondicional a los coches: parece mentira ahora, pero a través de Washington Square iba a pasar una autopista de cuatro carriles en cada sentido, y no fueron precisamente arquitectos ni urbanistas los que evitaron la catástrofe. Fue una mujer valerosa y autodidacta, Jane Jacobs, que vivía con su familia en ese vecindario, en la calle Hudson, otra obra maestra involuntaria de ecología cívica, y que llevaba a sus hijos a jugar cada día a Washington Square. Gracias al movimiento de resistencia popular que organizó Jacobs, en colaboración con el gran Lewis Mumford, y con otras dos bravas mujeres, Margaret Mead y Eleanor Roosevelt, no sólo se salvó Washington Square: también se logró que fracasara otro proyecto ya aprobado y más insensato, otra autopista, desde luego, más ancha todavía y elevada, que atravesaría todo el sur de Manhattan, por encima del Soho, Little Italy, Chinatown y el Lower East Side. Uno piensa que todas las cosas que le gustan son naturales, inevitables, duraderas: pero todo ese paisaje tan tupido, humano y urbano, de Greenwich Village, por el que es tan grato perderse o salir a tomar algo o simplemente ir al trabajo, estuvo a punto de desaparecer.

Los expertos, los dueños de las jergas especializadas y prestigiosas en cada momento, tienden, a veces incluso con la mejor voluntad, a disuadir de levantar la voz a los no provistos de credenciales oportunas, a los aficionados, a los ignorantes usuarios. Pero fue esa aficionada, Jane Jacobs, tocada por el talento inflexible de ciertos neoyorquinos para llevar la contraria, quien además de liderar la movilización de la ciudadanía contra los planificadores tiránicos escribió uno de los libros mejores que pueden leerse sobre la vida de la ciudad y en la ciudad, The life and death of the great American cities.

La Gran Vía se ha convertido en un zafio shopping mall de franquicias y no se puede ya casi caminar por plazas ocupadas por mesas de bares

La democracia la inventó gente que paseaba por la calle, iba al mercado, se sentaba a discutir en las plazas de las ciudades griegas. La democracia y la ciudad son la una el espejo de la otra porque las dos consisten en el uso libre y conflictivo, pero nunca violento, del espacio público, que es el lugar de encuentro entre los intereses y los empeños de cada uno y los valores comunes a todos; valores que no tienen nada de sublimes, ni de abstractos, porque consisten en la organización práctica de lo muy variado y complicado, la búsqueda de soluciones factibles que beneficien a la mayoría y respeten a los que por un motivo u otro son minoritarios o se queden al margen. Por eso ofenden tanto a nuestro instinto democrático las ocupaciones insolentes de lo que es de todos, la privatización de lo que por naturaleza es público, el uso de la calle, la tranquilidad de ir por ella sin miedo a que nos asalten o a que nos humillen y sin necesidad de recluirnos en urbanizaciones cerradas o en centros comerciales patrullados por vigilantes con pistolas.

Como la ciudad es un lugar tan simbólico, los símbolos, los nombres son fundamentales en ella. Y hay que tener una idea muy bárbara de lo que es la vida ciudadana para vender a compañías privadas los nombres de los espacios y los servicios públicos, para dejar que las aceras y las plazas sean completamente ocupadas por terrazas de restaurantes y por esas armazones brutales que se usan ahora en España para burlar las prohibiciones de la ley antitabaco. Vuelvo a Madrid y tomo el metro y cada vez que oigo por los altavoces el nuevo nombre de la línea 2 o la estación de Sol me siento ultrajado en mi ciudadanía. Los nombres son tan públicos como los lugares que designan. Privatizar el nombre de una línea de metro llamándole “Vodafone” es una usurpación de algo tan colectivo y público por naturaleza como el aire de la calle, como las palabras del idioma.

Da escalofrío pensar que una ciudad como Madrid, tan rica de texturas, tan resistente a tantos infortunios, lleve tantos años en manos de una derecha oscurantista, analfabeta, entregada a todos los especuladores, capaz de permitir que la Gran Vía se convierta en un zafio shopping mall de franquicias, que no se pueda ya casi caminar por plazas ocupadas en su totalidad por mesas de bares. Hay una privatización de la mirada igual que la hay de los nombres y de los lugares. Una noche caliente de julio, todavía con la extrañeza del regreso, llegamos a la plaza de la Villa de París y está cerrada y vallada por obras, ocupada por máquinas y zanjas. Era una de las pocas plazas de Madrid en la que todavía se disfrutaba tranquilamente del espacio público. Ahora parece que la van a ocupar el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional con el desapego insolente hacia la ciudadanía que suelen mostrar en España las instituciones oficiales. Nos hace falta una Jane Jacobs, una urgente sublevación cívica.

Muerte y vida de las grandes ciudades. Jane Jacobs. Presentaciones de Zaida Muxí, Blanca G. Valdivia y Manuel Delgado. Traducción de Ángel Abad y Ana Useros. Capitán Swing. Madrid, 2011. 487 páginas. 22 euros.

www.antoniomuñozmolina.es

16 modificaciones en el IRPF que “olvidó” anunciar Montoro y que suben de facto el IRPF

16 modificaciones en el IRPF que “olvidó” anunciar Montoro y que suben de facto el IRPF

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Cristóbal Montoro ha olvidado detalles sumamente relevantes que afectan directamente a la tributación neta y al cálculo de la base imponible, de manera que la subida efectiva en la tributación en el IRPF va a ser sumamente importante para muchos. Veremos todos los puntos que ha olvidado Montoro en la presentación previa de la reforma fiscal: Seguir leyendo “16 modificaciones en el IRPF que “olvidó” anunciar Montoro y que suben de facto el IRPF”

Perros con miedo a los petardos: qué hacer para crear una zona segura en casa

Perros con miedo a los petardos: qué hacer para crear una zona segura en casa
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Muchos perros sufren con los petardos. Algunos les tienen miedo y otros auténtica fobia.

Durante la verbena de San Juan, las Fallas valencianas, las Navidades en algunas zonas de España o durante cualquier celebración con fuegos artificiales en general, es muy útil saber qué hacer para conseguir que tu perro esté más relajado.

Si tu animal tiene miedo a los petardos, crear una zona segura en casa le ayudará a sentirse más tranquilo. Vamos a explicar cómo hacerlo. Es muy sencillo.

Máximo aislamiento

Una zona segura para tu perro será cualquier lugar confortable que lo mantenga lo más alejado posible del ruido. Para ello:

  • Escoge su escondite favorito: si has notado que tu perro, cuando oye algún petardo o ruido fuerte va a esconderse, de forma natural, a algún rincón determinado (debajo de una cama, dentro de la bañera, en la habitación más interior del piso, etc.), coloca allí su cama, su comedero y su bebedero.

  • Inventa un refugio: si tu perro no tiene un lugar predilecto, inventa uno para la ocasión. Escoge el lugar más alejado de la fuente del ruido y coloca, por ejemplo, una caja de cartón con una manta encima. Si tu perro está acostumbrado a viajar o dormir en transportín, y le gusta, ésa también puede ser una buena opción. Como en el caso anterior, coloca allí su bebedero y comedero. También sus juguetes y algunas golosinas.

  • Cierra ventanas y baja persianas: es fundamental para amortiguar el sonido que venga de la calle. Si hace demasiado calor, pon un ventilador en la habitación.

  • Pon música: escoge una melodía rítmica y agradable que ayude, también, a amortiguar el sonido de los petardos. Intenta que el volumen no sea demasiado alto pero suficiente para cubrir de algún modo el ruido. Otra opción es encender el televisor.

  • Feromonas: existen en el mercado feromonas apaciguadoras indicadas en casos de miedos y fobias. Su nombre comercial es Adaptil y son muy fáciles de encontrar, tanto en formato collar como difusor. Consulta con tu veterinario.

  • No fuerces a tu perro a salir a la calle: obligar a un perro con miedo a salir a pasear durante una celebración con fuegos artificiales puede ser contraproducente. La reacción de miedo podría verse incrementada. Si sufres porque necesita hacer sus necesidades, coloca papeles de periódico en el suelo por si quiere orinar o defecar. Si lo hace fuera de ellos, no lo riñas. Piensa que la ansiedad que le produce su propia fobia a veces puede generar incontinencia.

  • Actúa con naturalidad: no estés encima de tu perro compadeciéndolo porque eso puede hacer que note una reacción extraña en ti que confirme sus sospechas de que “algo malo está pasando ahí fuera”. Actúa con naturalidad.

  • No bloquees el acceso a la zona segura: no olvides dejar las puertas abiertas para que el perro pueda entrar y salir libremente de su “refugio”.

  • Positiviza el lugar: Si puedes, intenta positivizar la zona segura antes de la verbena o la celebración de fuegos artificiales. Es decir, intenta hacer agradable el lugar a ojos de tu perro durante los días previos. Coloca allí sus juguetes, golosinas y cualquier cosa que le guste o le resulte agradable.

Medicación

Crear una zona segura puede ser muy útil pero, si tu perro tiene un nivel de fobia elevado, no descartes consultar con tu veterinario y administrarle algún fármaco ansiolítico.

¿Por qué tu perro tiene miedo a los petardos?

Es importante que entiendas que el miedo es una respuesta emocional adaptativa que aparece en situaciones en las que un animal intuye una amenaza. Sperro-miedo-petardose trata de una reacción natural y es buena porque permite separarse o protegerse de estímulos nocivos o peligrosos. Su función es aumentar las posibilidades de supervivencia.

Si los animales no tuviéramos miedo, entraríamos sin pensarlo en un incendio, por ejemplo, y nos quemaríamos.

Sin embargo, cuando la reacción de miedo es exagerada o desproporcionada al estímulo que la provoca, entonces hablamos de fobia. Y las fobias no son adaptativas ni favorecen la supervivencia. Todo lo contrario: dificultan la vida y resultan un problema. Por eso deben tratarse con la ayuda de un experto.

Los perros, como los humanos, son capaces de sentir miedo y también de desarrollar fobias. Los estímulos muy intensos, especialmente los sonidos fuertes y repentinos suelen desencadenar reacciones de miedo.